LAS VIOLENTAS REVUELTAS DE TÚNEZ Y ARGELIA

El punto de partida de las violentas revueltas de Túnez y que se extendieron después a Argelia tiene un nombre propio, Mohamed Bouazizi, de 26 años de edad. Bouazizi es el héroe y el mártir que ha puesto en dramático relieve la situación de ambos países, aunque las situaciones sean diferentes en cada uno de ellos, pero tienen un estribillo común o muy parecido. El pasado día 17 de diciembre el joven Mohamed Bouazizi había colocado su carro cargado de frutas y verduras en una de las calles del centro de la ciudad de Sidi Boucid, situada a 260 kilómetros al sur de la capital tunecina. Con la venta ambulante de frutas y verduras sostenía a su familia ya que no había podido encontrar empleo en el sector de la informática, la disciplina que había estudiado y en la que se había graduado. La policía se acercó a él y le pidió los documentos administrativos que le acreditaban para ejercer esa actividad, no tenía papeles de ningún tipo porque consideraba que para ejercer un trabajo tan informal no se necesitaban papeles, ni permisos especiales. La policía no se limitó a hacerle una advertencia o ponerle una multa, sino que le decomisó la mercancía y le estropeó el carro entre un aluvión de insultos humillantes. Entonces, ciego de rabia e impotencia tomó una determinación precipitada y terrible. Se colocó ante la comisaría de policía, se roció de gasolina y se prendió fuego, convirtiéndose en una tea ardiente como hicieron varios monjes budistas a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta en Saigon. No lo hizo como gesto de imitación, porque Bouazizi desconocía la existencia de esos monjes budistas, lo hizo por desesperación, una desesperación a la que le llevó la visión ofuscada de que no podría sobrevivir en Túnez, de que no tenía futuro. Lograron apagar las llamas y le llevaron al hospital en donde falleció después de dos semanas entre terribles dolores a causa de las quemaduras.

Las llamas del cuerpo de Bouazizi se extendieron como un pavoroso incendio de manifestaciones violentas por todo el país. Muertos y heridos en varias ciudades, policías heridos, dicen que policías muertos, pero casi dos docenas de cadáveres entre los manifestantes  y centenares de heridos. Se trata de la crisis social y política más profunda que ha vivido el régimen de Zini Ben Alí en sus 23 años de existencia. La crisis económica europea y mundial han tenido una seria repercusión en la economía tunecina  que afecta especialmente al turismo y a las exportaciones, lo que ha contribuido también a aumentar la fosa que se abre entre el poder y la ciudadanía, haciendo más visibles los enormes privilegios de las gentes próximas al presidente Ben Alí. Poniendo de relieve la corrupción económica y la represión política. Esto que todo el mundo conoce resultó más llamativo al verlo escrito en los papeles de Wikileaks, al leer lo que opinaban los diplomáticos norteamericanos acreditados ante el gobierno de Túnez sobre el régimen. Vean: “El gobierno ha fundado su legitimidad sobre la capacidad para asegurar el crecimiento económico, pero un número creciente de tunecinos cree que quienes les gobiernan solo se preocupan de conseguir ventajas y privilegios para ellos mismos.” También en Wikileaks se cuenta que la familia de Ben Alí y la de su esposa Leila Travelsi dominan las empresas y las riquezas del país desde 1987, que viven al margen y por encima de la ley y que acumulan privilegios. Lo resumen afirmando que constituyen una subespecie de mafia.

El joven Bouazizi simboliza en gran medida el sentimiento de fracaso que sienten la mayoría de jóvenes que se preparan en la universidad y después no encuentran trabajo en aquello para lo que se han formado, aunque conviene decir que esta no es una peculiaridad tunecina, ni de otros países del Magreb, cruzando el Mediterráneo hacia el norte nos encontramos con un problema análogo en España. Tenemos que anotar que Túnez es el país más desarrollado del Magreb, y el más moderno desde el punto de vista tecnológico, pero donde la libertad de expresión y otras libertades han estado sistemáticamente reprimidas. Una represión consentida por Occidente ya que acepta sin más los argumentos del Régimen, que viene a decir poco más o menos, no nos hable de los derechos humanos y de las libertades, ya que a través de esos derechos y de esas libertades entrarían los islamistas radicales, y Al Qaeda convertiría Túnez en un enclave estratégico. En nombre de la lucha contra el integrismo islámico se amordaza a la prensa, a los sindicatos y a las asociaciones de la más distinta naturaleza. Una de las peculiaridades de las airadas rebeliones y manifestaciones ha sido el asalto a las Web gubernamentales a través de las redes sociales y sobre todo por parte de los hacker Anonimous. Las cegaron durante bastante tiempo. La policía detuvo a conocidos blogueros y al famoso cantante de rap Hamadi Kaloucha, entre otras cosas, por escribir la letra de una canción con el título: General, tu pueblo está muerto.

La verdad es que este tipo de manifestaciones tan violentas eran desconocidas en Túnez que incluso consiguió la independencia sin violencias demasiado reseñables, a pesar que al protagonista de la lucha independentista, Habib Bourguiba, se le llamó El Gran Combatiente. Muy diferente fue la lucha por la independencia en Argelia, arrancada después de siete años de una guerra atroz, a la que Francia tuvo que desplazar 800 mil soldados y donde multiplicó las torturas. Se creía que una independencia conseguida a tan alto precio de sangre iba a tener después una vida tranquila. No fue así. En la época de los 90 vivió una guerra civil que causó 100.000 muertos protagonizada por los islamistas del GHIA. Las manifestaciones de estos días han sido durísimas, ya que tienen un gran entrenamiento en ocultarse detrás de las capuchas, en manejar palos y barras de hierro. Aparte del contagio de Túnez, la mecha que encendió la llama fue la gran subida de productos alimenticos de primera necesidad como el aceite, el azúcar y las harinas. En Argelia existe una gran frustración y hay un sentimiento popular de rabia, de fracaso colectivo por culpa de los dirigentes. En la literatura que les llevó a la terrible lucha por la independencia, se pueden leer párrafos cargados de lirismo en donde se habla de las riquezas del país, unas riquezas que disfrutaban los franceses y de las que se les privaba a ellos. Era cierto. Describían un hermoso futuro en libertad e independencia y era lógico que así lo pensaran, tenían razones sobradas para pensarlo y para creerlo. Por eso ahora, después de los años, y sabiendo que es un país rico, incluso agraciado con abundancia de gas y cotizados minerales, comprueban que la juventud tiene pocas oportunidades para vivir y sobrevivir. Tienen la sensación de que sus dirigentes han derrochado las inmensas riquezas de su tierra y que los ciudadanos no se han beneficiado de ellas. La deriva que han tomado los acontecimientos ha llevado al gobierno de Buteflika a prometer subvenciones para los alimentos de primera necesidad. Será una forma de rebajar las tensiones. La verdad es que Argelia se merece un viraje histórico, tiene recursos y preparación para hacerlo.

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Un Comentario

  1. Javier
    Publicado 11 enero, 2011 en 17:31 | Permalink

    No sabía que en el origen de las revueltas había una tragedia como la de Bouazizi. Desde la distancia, no me extraña nada lo que ha venido después.
    De la corrupción se habla mucho, aunque sea solo para dejar las cosas tal cual están. Aquí en España sabemos un rato de eso.
    La corrupción tiene un enorme coste social cuya factura paga siempre el ciudadano. En mi opinión ya, ni siquiera, se puede hablar de un mal consustancial al ser humano o residual y necesariamente unido a cualquier actividad económica. La corrupción es nuestro techo como sociedad civil; y no importa de qué nación o régimen político hablemos. De hecho, es casi peor la corrupción en países “desarrollados” a quienes se supone dotados de suficientes recursos de control que, como desgraciadamente comprobamos a diario, son completamente insuficientes frente al omnímodo poder del Dinero.

Un Trackback

  1. [...] a lo bonzo, en el centro de Sidi Boucid, a 120 km al sur de Túnez, para protestar porque la policía le confiscó su carrito de frutas y legumbres, es en sí un fenómeno social. Con aquel minúsculo negocio, ayudaba a su familia. Se lo quitaron [...]

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  • Alfonso Palomares

    Biografía

    Alfonso S. Palomares (Calvos de Randín, 1935) es un periodista y escritor de Galicia, España.

    Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha desempeñado diversos cargos en periódicos y revistas de España. Fundó en 1964 la agencia Radial Press y fue comentarista de política internacional en Sábado Gráfico y Cambio 16. En 1973 fundó y dirigió la revista Ciudadano y después dirigió Posible y Leer. Fue comentarista de política internacional en El Periódico de Cataluña, y fue nombrado presidente de la Agencia EFE en 1986. En 1997 se incorporó al Grupo Zeta como Director de Relaciones Internacionales y asesor editorial, y comentarista político de la revista Tiempo y El Periódico de Cataluña. En 2001 fue nombrado Director del Diario de Córdoba y editor de Onda Mezquita, y en septiembre de ese mismo año asumió el cargo de Presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba.

    Director de la Casa de Galicia, en Madrid (2006), fue presidente de la Junta Consultiva del Parque Natural de la Baja Limia - Serra do Xurés (2008) y recibió varios premios, incluyendo el Celanova, Casa de los Poetas (2008).

     
  • Los laberintos del espejo

    Los laberiontos del espejo de Alfonso S. Palomares

    El periódico El Espejo lleva quince años de éxito, rodeado por el escándalo y un amarillismo tan hábilmente calculado que le permite pasar por una publicación seria. Pascual V. Rosales, su director, es el centro del espectáculo, el que lo condiciona todo: en sus manos, la objetividad y la veracidad son reversibles, manipulables a su antojo. David Talmati, un productor cultural libanés afincado en Madrid, planta cara a los desafueros de Rosales y provoca una serie de encuentros encarnizados y programados linchamientos mediáticos. La deformación de la realidad por parte de los medios es protagonista fundamental en esta obra inteligente y hábilmente construida que pone de manifiesto el enorme poder con que cuentan. Nadie está a salvo.