Cuando aparecieron en el paisaje político los Tea Party tenían el rostro de lo pintoresco y lo pasajero, por eso les prestamos la atención que se da a los fenómenos folklóricos, pero al cabo de los meses ya nadie considera que se trata de una nube fugaz sino que puede convertirse en una tormenta devastadora para su partido matriz, el Republicano,y proyectarse con fuerza sobre la política de los Estados Unidos. Los primeros diseñadores de los Tea party lo plantearon como un movimiento radical, espontáneo y popular defensor de las esencias americanas. La causa y la razón para encender la mecha fueron las leyes fiscales para la estabilización, las subvenciones para reactivar la economía así como leyes sociales como las de la salud del presidente Barack Obama.
El panorama económico y social se prestaba para que prendiera la mecha, la crisis económica erosionaba la calidad de vida y el aumento del paro, entre las clases medias, creo la crispación adecuada para abonar el éxito. Las manos y las mentes que mecían la cuna de los Tea Party acudieron a las historia y se encontraron con el movimiento contestatario que nació en Boston a finales del siglo XVIII, el Boston Tea Party, que se oponía a los impuestos que los ingleses querían imponer a la importación de té, así como al monopolio de las importaciones del té de Oriente. A lo largo del año pasado y en este, los promotores del movimiento radical derechista han acudido con frecuencia a citas e ilustraciones de la rebelión bostoniana. Utilizaron Internet con gran habilidad en sus diversas facetas y posibilidades, tanto que hoy, los Tea Party conforman una enredadera histérica en la red. A principios de enero del año pasado, recorrió Internet una campaña en la que se pedía que enviaran al Congreso y al Senado bolsitas de té. La prensa de la derecha calificó el gesto como gran éxito. Conviene decir que la prensa, cierta prensa ha jugado un papel clave en la coordinación de este movimiento popular “espontáneo”. El poderoso canal Fox de televisión, así como emisoras y periódicos ultraconservadores, algunos gestionados por sectas radicales evangélicas, animan a los Tea Party porque los ven como el instrumento válido para vigorizar el partido Republicano, espoleándolo para que abandone su resignación. No tienen un líder, tienen iconos como Sarah Palin y agitadores bien coordinados por todo el país. La rebelión contra los impuestos ha sido el primer motor del movimiento, ya que con los impuestos –dicen- nos quitan libertad, ya que no podemos elegir en lo que queremos gastar y es Estado el que elige unos objetivos muchas veces contrarios a nuestros intereses de ciudadanos libres. La reducción de las estructuras del Estado es una de sus constantes exigencias, incluso hablan de suprimir el ministerio de Sanidad.
Otra de las ideas clave del movimiento es la xenofobia contra los emigrantes, los emigrantes pobres y por supuesto contra los ilegales, son partidarios de la expulsión rigurosa a implacable, una apuesta tremenda, ya que en Estados Unidos viven 12 millones de ilegales. El discurso es fácil, basta cargar las tintas de que son la causa del paro y de que aumentan la crisis económica por los recursos que se dilapidan al atenderles. Lo curioso es que con sus discursos y a través de los poderosos medios que les apoyan han logrado convencer a una parte notable de americanos de que con Obama se está creando una nación socialista, apoyado en Nancy Pelosi y otros notables. También concentran sus fobias contra los musulmanes, Ya que para ellos se trata de una de las encarnaciones del mal, por eso se oponen con todas sus fuerzas y si es preciso violencias, lo han dicho, a la construcción de una Mezquita cerca de la Zona Zero donde se levantaban las Torres Gemelas. De las invectivas del Tea Party tampoco se salvan los judíos a los que ven como demasiado intelectuales y ajenos a los compromisos de un verdadero norteamericano; sólo ellos, los rebeldes del té, como les dijo en una alocución en Washington, Sarah Palin, son los verdaderos norteamericanos. Para el Movimiento, Obama representa la síntesis de varias maldades: es hijo de un negro de Kenia y por lo tanto negro, es musulmán (es tanta su insistencia en que es musulmán que han convencido a una buena parte de norteamericanos) y encima pertenece a la élite intelectual formada en las grandes universidades. Un coctel insufrible para esta gente, que en su mayor parte es de mediana edad o la supera, en general no tienen títulos universitarios y desprecian a los intelectuales, no son ricos y tienen miedo a muchas cosas, entre otras a perder el empleo. El orador más importante del movimiento es el locutor de radio y presentador de televisión, Glenn Beck, que en sus discursos amasa una empanada con el patriotismo, la libertad y Dios que sus oyentes degustan con fruición entusiasmada. Dios es un recurso fácil, por eso les suele decir: “los norteamericanos, después de deambular en la oscuridad, hoy empiezan a volver a Dios” y a partir de esta idea enhebra un discurso que provoca la envidia de los telepredicadores más radicales. Halaga a los oyentes asegurándoles que ellos restablecerán el honor de América.
Pero el fenómeno de los Tea Party, después de la primera sorpresa, se ha convertido en verdadera preocupación para el arquetipo conservador del Partido Republicano, ya que en las primarias que acaban de celebrarse para elegir a los candidatos del partido en las elecciones de noviembre han obtenido importantes victorias en ocho estados y en algunos tan significativos como Delaware o Nevada. Al analizar los dos casos podemos ver el subsuelo ideológico de esta corriente. En Delaware, un estado del Este y considerado progresista, ha sido elegida por el Partido Republicano como candidata a senadora, Christine O´Donnell. Competía en esta fase con un clásico del republicanismo moderado, Mike Castle, que ha ocupado varios cargos de responsabilidad entre ellos el de gobernador. Pues nada, la fogosa Chistine O´Donnell se lo llevó por delante con suma facilidad apoyada en un discurso dogmático sin fisuras. Empezó confesando su profundo arrepentimiento por haber abusado del alcohol y del sexo durante sus tiempos universitarios. Está profundamente arrepentida de esos excesos y ahora defiende la abstinencia sexual que practica sin desmayo, ya que es soltera. Condena sin paliativos la pornografía, la masturbación y la homosexualidad. Rechaza el apoyo a la investigación contra el sida y los remedios para curarla, ya que según ella, el sida es el justo castigo de quienes practican la promiscuidad. Tiene muy claro lo que debe ser una mujer, mujer; lo dijo en último de sus mítines: “Una mujer es la esposa y madre al servicio de la tranquilidad y felicidad del marido.” Su desafío es superar las ideas de la generación hippy y la llamada liberación de la mujer, ya que no fue una liberación sino una condena a convertirse en hombre. Defiende el derecho a la tenencia de toda clase de armas y la reducción de los aparatos del Estado Federal a los esquemas mínimos. El próximo noviembre Chistine O´Donnell se enfrentará al candidato demócrata, Cris Coons, por el escaño que ocupaba tradicionalmente el vicepresidente Joe Biden.
En Nevada triunfó en estas primarias del partido republicano, otra joya, Sharron Angle, apoyada por el Tea Party y varias organizaciones ultraconservadoras. Se mueve en las coordenadas de Sarah Palin, pero con un balanceo todavía más radical, si cabe. Defiende que USA debe retirarse de la ONU, ya que es un bastión del antiamericanismo y de los valores antiamericanos, añade que apoya el fraude científico en torno al cambio climático. Se opone a que las mujeres trabajen y rechaza el aborto aún en caso de violación o incesto. Por supuesto es partidaria de la venta libre de armas y enemiga acérrima del matrimonio entre homosexuales. En sus discursos articula la salmodia contra el poder federal, los radicalismos xenófobos y los rigorismos morales. Billy Clinton al escuchar a estas gentes ha manifestado: “Ante estos, George Bush, parece un peligroso liberal”.
Algunos analistas piensan que esta basculación hacia la ultraderecha del Partido Republicano dará ciertas oportunidades a los candidatos demócratas. La verdad es que si ganan con esta gente, Obama podrá sacar adelante muy pocas leyes de sus programas sociales. Un senado con estás caras será un muro de cemento cortando el progreso y cerrando el paso a las reformas sociales.
Un Comentario
En Madrid, Esperanza, con su característica simplificación de todo, dice que si esa tendencia, el Tea Party, representa menos estado, menos impuestos y menos control (por parte del estado) ella lo apoya (“Por qué no?”, dice).
El pensamiento ultraderechista existe, ya lo sabemos. Pero quiero creer que será algo pasajero.. No podemos ser tan estúpidos! (como especie)