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Biografía
Alfonso S. Palomares (Calvos de Randín, 1935) es un periodista y escritor de Galicia, España.
Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha desempeñado diversos cargos en periódicos y revistas de España. Fundó en 1964 la agencia Radial Press y fue comentarista de política internacional en Sábado Gráfico y Cambio 16. En 1973 fundó y dirigió la revista Ciudadano y después dirigió Posible y Leer. Fue comentarista de política internacional en El Periódico de Cataluña, y fue nombrado presidente de la Agencia EFE en 1986. En 1997 se incorporó al Grupo Zeta como Director de Relaciones Internacionales y asesor editorial, y comentarista político de la revista Tiempo y El Periódico de Cataluña. En 2001 fue nombrado Director del Diario de Córdoba y editor de Onda Mezquita, y en septiembre de ese mismo año asumió el cargo de Presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba.
Director de la Casa de Galicia, en Madrid (2006), fue presidente de la Junta Consultiva del Parque Natural de la Baja Limia - Serra do Xurés (2008) y recibió varios premios, incluyendo el Celanova, Casa de los Poetas (2008).
Los laberintos del espejo
El periódico El Espejo lleva quince años de éxito, rodeado por el escándalo y un amarillismo tan hábilmente calculado que le permite pasar por una publicación seria. Pascual V. Rosales, su director, es el centro del espectáculo, el que lo condiciona todo: en sus manos, la objetividad y la veracidad son reversibles, manipulables a su antojo. David Talmati, un productor cultural libanés afincado en Madrid, planta cara a los desafueros de Rosales y provoca una serie de encuentros encarnizados y programados linchamientos mediáticos. La deformación de la realidad por parte de los medios es protagonista fundamental en esta obra inteligente y hábilmente construida que pone de manifiesto el enorme poder con que cuentan. Nadie está a salvo.
Blog periodístico
ALBERT CAMUS, UN CORAZÓN INTELIGENTE
Llevamos cincuenta años sin Camus, pero también cincuenta años en los que la obra de Camus ha multiplicado su presencia por la renovada actualidad de su mensaje, ya que los acontecimientos de las últimas décadas nos siguen confirmando que la historia es hija bastarda de la violencia, pero también hemos visto el triunfo del hombre rebelde con la caída del Muro de Berlín y algunos otros muros por el efecto dominó de las energías liberadoras. Pero cuando caían unos muros se levantaban otros, con cementos de odios por razones étnicas, religiosas, económicas y sentimientos racistas. El mundo está cruzado como una piel de cebra, pero lo que en la cebra es belleza y adorno en la humanidad son tatuajes para la violencia. Y no sólo hablo de Israel y de Palestina.
En Francia han calificado este 2010 como el año Camus, ya que se cumplen los cincuenta años de su absurda muerte. Fue en este mes de enero, exactamente el cuatro. Había pasado las navidades en la casa que había comprado en Lourmarin, unos meses después de recibir el premio Nóbel, con su esposa Francine y sus hijos gemelos Jean y Catherine. Tenía el billete de regreso a Paris en tren con la familia, pero se encontró con su editor y amigo Michel Gallimard que se había comprado un flamante Facel Vega y le convenció para que viajara con él. Conducía Gallimard, a su lado Albert Camus, detrás la esposa y una hija del editor. Circulaban por una recta sin sobresaltos, de pronto el coche dio un bandazo, se salió de la carretera para estrellarse contra un plátano en donde rebotó para ir a partirse en dos contra otro árbol. Camus murió inmediatamente, Gallimard cinco días después, las dos del asiento de atrás se salvaron. Camus había escrito muchas reflexiones sobre el absurdo y situaba la muerte por accidente de automóvil como uno de los ejemplos típicos del absurdo. Tenía 47 años y hacía poco más de dos que había obtenido el Nóbel de Literatura.
En el título de este artículo he calificado el corazón de Camus como inteligente. Tomando el corazón como base de los sentimientos en el sentido de la mitología histórica, que situaba en el corazón la residencia de las emociones, antes de que la ciencia los llevara al cerebro. Toda la obra de Camus, desde el Extranjero a La peste, desde El Mito de Sísifo al Hombre rebelde, pasando por Los Justos nos habla a la piel y a la sangre, se dirige a los pulmones por los que respira la condición humana. La obra de Camus es un permanente y emotivo diálogo sobre la dicha y el absurdo que la rompe, a pesar del todo encuentra que en el hombre hay más razones para la esperanza que para el desprecio. Para Sartre el hombre es una pasión inútil. Para Camus es una pasión vital, metiendo la rebelión entre las pasiones vitales.
El presidente Sarkozy que sabe leer el viento de la historia por el vuelo de los pájaros, ha manifestado su voluntad de trasladar los restos de Albert Camus al Panteón de los hombres ilustres de Francia, para que descansen a lado de los de Zola, Madame Curie, Victor Hugo o de su admirado André Malraux. A Sarkozy le encantaría presidir ese traslado, haría una bella estampa al lado de Carla Bruni. Ha surgido un inconveniente, Jean, el hijo de Camus, creyendo interpretar la voluntad de su pare ha dicho no, aunque su hermana gemela, Catherine, parece que duda. Veremos por donde circula ese propósito. De momento, al mundo intelectual que rodea el pensamiento de Camus, como Jean Daniel, no le seduce la idea.
En el pensamiento de Camus el hecho de rebelarse por parte de los oprimidos es ya es un signo que define la condición humana y apuesta por los derechos del hombre. Podíamos ver esa idea en el, “Yes, we can” de Barak Obama que pone en movimiento una amplia voluntad colectiva. Hasta ahora ha logrado lo imposible, el hecho de que un negro llegara a la Casa Blanca, a partir de ahí se le presenta otra apuesta sumamente difícil, lograr convertir lo posible en realidad. Conseguir un mundo multipolar, una convivencia pluricultural, articular la libertad y la justicia, un desarrollo respetuoso con el medio ambiente y la paz en los focos de guerra y en concreto Afganistán e Irak. Estas son las grandes dificultades de poner en marcha lo posible.
El pensamiento camusiano del hombre rebelde está necesariamente vivo entre nosotros. El hombre se rebela contra la tiranía del amo. Es la rebelión constante del espíritu que mueve al hombre a ser crítico, humanista y emancipador. Luchar contra la tiranía en nombre de la libertad. El libro dejaba claro que entre sus denuncias estaban los gulag, los campos de concentración de Stalin y otros comunismos. Ese libro, el Hombre Rebelde desató la famosa polémica con Sartre y con otros miembros de la intelectualidad francesa filocomunista. Para Sartre, con la denuncia de los campos de concentración de la Unión Soviética se le hacia el juego a la derecha. Aparte de negarlos en varios de sus escritos.
Hay muchas analogías hoy para continuar ese debate. La justicia sin libertad es dictadura y la libertad sin justicia es la ley del más fuerte.