ANTONIO GALA. EL PERIODISMO CULTO

Quiero comenzar mi intervención con un triple agradecimiento. El primero agradecer a los organizadores y en concreto a Ana Padilla, Directora Académica de este evento, el que se hayan planteado  y sobre todo llevado a cabo este Congreso Internacional sobre Antonio Gala y arte de la palabra, que seguro contribuirá a conocer mejor y con más profundidad a uno de nuestros autores más populares y brillantes, al que el éxito le ha acompañado siempre y ya se sabe que vivimos en un país que con frecuencia sospecha del éxito.  En el prólogo del libro que recoge los artículos que aparecieron en el País Semanal con el título de “En Propia Mano”, Juan Cueto, alude a que escribir sobre Antonio Gala exige referirse inmediatamente al fenómeno insólito de su enorme éxito popular y ya se sabe que el éxito resulta sospechoso por estos alrededores, especialmente dentro de las filas de lo que llamamos intelocracia. En vez de intelocracia  como dice Juan Cueto, yo diría intelocratura, refiriéndome a quienes quieren imponer unos dogmas y unos corsés sobre el pensamiento y la  inteligencia, y repartir bulas y carnets reduccionistas de pensador e intelectual, entre esos dogmas de envidiosa miseria está el de retirar la condición de intelectual y de pensador a quienes consiguen el amplio fervor del público. Y durante un tiempo sembraron la sospecha sobre Gala, era demasiado popular y permanentemente deslumbrante, su fama era más parecida a la de un actor, la de un cantante o la de un futbolista y estando en Córdoba hay que decir también la de un torero. Pero hoy, bastantes años después de la reflexión que acabo de hacer, Antonio Gala ha ido acumulando una obra tan brillante, profunda y honesta en todas las vertientes del área de la palabra, que ya resulta indiscutible. El fervor del público se multiplicó y apareció el reconocimiento a su obra con la lógica de la ley de la gravedad. El sol se impuso a la niebla.

Otro agradecimiento y este muy personal, el hecho de que este Congreso Internacional se celebre en Córdoba, porque  quienes hemos tenido la suerte de vivir en Córdoba, a Córdoba tenemos que volver siempre. No se si es exagerado o demasiado retórico, me perdonan por ello si les resulta así, pero en ocasiones al hablar de Córdoba recuerdo una frase que Mika Waltarí, en su obra Sinué el egipcio, pone en boca de Sinué, refiriéndose al recuerdo del Nilo dice: quien bebió una vez el agua del Nilo, ya con ninguna agua apagará su sed. El agua es al Nilo lo que a Córdoba es la luz. Para mi Antonio Gala forma parte del paisaje espiritual y casi físico de Córdoba, él y su obra son como una mezquita laica en donde se entrecruzan arcadas y minaretes de ideas libres luchando por abrir libertades. Córdoba tiene una belleza cálida, es la gloria de los sentidos y una gloria para los sentidos. En la entradilla de del programa de este congreso se dice que: “Córdoba ha sido un referente cardinal tanto en la vida como en la obra de Antonio Gala, el ha llevado el nombre de Córdoba por toda la geografía mundial. En plena madurez literaria, Córdoba no puede olvidarse de uno de sus escritores más notables y debe devolverle el reconocimiento público que Antonio Gala ha tenido para su ciudad.” Realmente en Córdoba hay un sentimiento compartido de reconocimiento de Gala, pero está bien que en unos días como estos se recite públicamente ese reconocimiento. Si es verdad que nadie puede saltar fuera de su sombra, Antonio, nunca ha saltado saltar fue de la sobra de su ciudad, pero el sentido metafórico que aquí tiene la palabra sombra, en Córdoba hay que sustituir sombra por luz.

Y el tercer agradecimiento es también muy personal. Agradezco que me hayan elegido para hablar del periodismo de Gala, un periodismo culto y casi, a estas alturas, un periodismo de culto. Pero adelanto que se trata de periodismo en el más esencial sentido de la palabra periodismo, y por lo tanto, aunque a veces, él mismo ha evitado e incluso rechazado definirse como periodista, tengo que decir que una parte importante, en principio semanal y ahora cotidiana, de su actividad en el arte de la palabra le encuadra en el oficio de periodista. Un oficio que tiene muchas dimensiones por su variedad y cuyo ejercicio cosecha todos los días adjetivos de admiración y de desprecio. Es lógico, ya que se trata de un oficio demasiado visible. Pero eso lo explicaré después con un poco más de precisión. Ahora quiero concretar mi agradecimiento por invitarme a hablar de Gala y el periodismo, del periodismo en Gala o Gala en el periodismo. Eso me permitió entregarme a un ejercicio de nostalgia y de recuerdo. Recordé las primeras semanas que me encontré con sus artículos en la revista “Sábado Gráfico”, (una revista en la que yo también colaboré con asiduidad) y el día que me encontré por primera vez con él en una larga y variada charla. En los dos casos utilizo el verbo encontré en el sentido de maravilloso descubrimiento, de sorprendente hallazgo. Dos encuentros importantes. Dos encuentros y una recuperación, la recuperación fue la de un libro raro, casi una joya, que se había extraviado en el desorden de mi biblioteca, me refiero a “Texto y pretexto” que recoge los artículos que se publicaron semanalmente en “Sábado Grafico” desde el 12 de febrero de l973 hasta el 24 de diciembre de l975. En este libro aparecen algunos artículos que los lectores de Sábado Gráfico no pudieron leer por la sencilla razón de que los ejemplares fueron secuestrados por funcionarios judiciales o del Ministerio de Información y Turismo. He hablado de un libro raro, casi una joya y lo es. Lo es hasta el punto de que estudiosos de la obra de Gala y, en concreto de su actividad periodística, como Ignacio Simón Carpintero, José Infante y algún otro dan estos artículos como inéditos en libro. En cierto modo es verdad, porque solo mil privilegiados tuvimos la oportunidad de hacernos con él. Eugenio Suárez, director propietario de “Sábado Gráfico” ante la presión de sus amigos y admiradores de Gala, entre los que me encontraba, decidió hacer una reducida edición que bien podíamos calificar de lujosa, y hoy resulta un lujo tenerla. El libro nos lo entregó Eugenio Suárez con un certificado de la Imprenta Hauser y Menet, firmado por su Consejero Delegado, Alberto Wicke Laca y el Director General Bernardo Velásquez Liaño, en donde se decía que a petición de la Editorial Sábado Gráfico se había procedido a la destrucción de los fotolitos y planchas que habían servido para la impresión del libro “Texto y Pretexto” del que es autor Antonio Gala y de cuya edición se han tirado mil ejemplares, numerados del uno al mil, ambos inclusive. De esta forma queda garantizada la originalidad de dicha edición que no podrá ser impresa de nuevo. Firmaban los citados ejecutivos de Hauser y Menet, en Madrid y fechado en septiembre de 1976, nueve meses más tarde de la aparición del último de los artículos que como he dicho había tenido lugar el 24 de diciembre de 1975, un mes y cuatro días después de la muerte de Franco y que llevaba por título El juego sucio, el primero lo había titulado De erotismo, lo que entonces ya significaba de entrada una provocación, como lo fue el segundo al que puso como título  De la pornografía.

Aludí antes a mi primer encuentro con Antonio Gala. De aquel encuentro, apuntada en un diario sin fechas, tengo una nota vagabunda que dice: “Estuve con Gala en el despacho de Eugenio Suárez, acaba de salir de una gravísima enfermedad, tiene una hermosura pálida, está muy delgado. Fuimos a comer los tres. Seduce al hablar. Es brillante.” Sólo eso, aunque poco es bastante, estos días he tratado de rescatar las circunstancias de aquel encuentro de lo escombros de la memoria. No estoy seguro de que lo haya logrado y es posible que en la fotografía final de mi recuerdo,  existan demasiadas confusiones y superposiciones. De lo que estoy seguro es que hubo dos escenarios, uno en el despacho de Eugenio Suárez en el que llamaba la atención un gran acuario con un cocodrilo al que llamábamos cariñosa y familiarmente Leopoldo y el otro en el restaurante. Seguro que hablamos de las circunstancias que estábamos viviendo, unos días apasionantes con la asfixia que existe en los tiempos de fin de Reino, en la tortuosa agonía de una dictadura en consonancia con la quiebra física de Franco. ETA había asesinado al almirante Carrero Blanco, el rostro más ortodoxo del régimen e indiscutido heredero de Franco y el franquismo, un franquismo sin referencias de futuro, pero que trataba de esquivar el presente a base de  yugular las libertades que empezaban a asomar la cabeza. De una manera especial la libertad de expresión. Estos últimos días he leído con la máxima atención aquellos artículos de texto y pretexto, mantienen una enorme vitalidad que sobrevive a sus circunstancias, porque hay en ellos reflexiones sustantivas sobre el amor, un tema recurrente en Antonio , la amistad, Europa, la libertad, la mujer, la muerte, el pensamiento, la democracia, la religión, las regiones, la juventud y varios sobre el futuro de España. Estos trabajos que podíamos calificar de ensayos cortos estaban en contacto con la profunda realidad de aquellos años en donde la libertad y la democracia significaban nostalgias de futuro. Por lo general no tocaba la orografía de los acontecimientos políticos de forma directa como suele hacerlo ahora en la tronera, pero eran el reflejo de las agitaciones sociológicas que preocupaban a la gran mayoría de españoles en aquellos tiempos tan singulares de nuestra historia. Leídos esos artículos ahora, son para mí una gran crónica de la España del momento, ensayos intensos sobre las  costumbres, la moral y las aspiraciones profundas de un pueblo fijando su historia y dejando constancia de que lo que sucede una vez sucedo apara siempre. Se queda para siempre sucediendo como asegura su biógrafo José Infante. Asombra su capacidad lingüística, los fantásticos  movimientos de su riquísima y ágil cintura verbal, la transparente claridad de sus ideas. Es un rebelde, contra las desigualdades, la explotación, las injusticias sociales y siempre a favor de las cusas de la libertad y la solidaridad. Y hay un acuerdo unánime en que la poesía tiene una presencia permanente en los escritos de Gala, porque a mi no me cabe ninguna duda de que la identidad sustantiva de Gala es la de poeta y esta identidad se proyecta en la construcción de todos sus escritos. Carmen Díaz Castañón, coordinadora de muchas recopilaciones de los escritos de Gala, ha comentado: “Como tantos de nuestros clásicos, Antonio Gala cultivado todos los géneros literarios, se ha lanzado a ellos con intensidad, los ha penetrado con maestría. A todos ha llegado con poesía, porque como el mismo ha dicho, esta puede hacerse en forma de drama, de novela, de ensayo o de actitud vital simplemente; hasta en “La tronera hay algo de literatura poética, ya que sus certeras, directas y muy meditadas gacetillas son, en realidad, el proyecto de un fogoso amor no correspondido.”  El periodismo de Gala hunde sus raíces en la realidad ambiente, en unas ocasiones en la síntesis de las realidades sociales acumuladas y en otras de manera  más concreta y directa apoya sus reflexiones sobre los acontecimientos concretos y las informaciones de esos acontecimientos. El periodismo de Gala me recuerda al gigante Anteo de la mitología griega. Ya saben, Anteo, hijo de la Tierra y Neptuno, era una gigante que reinaba en los desiertos líbicos, famoso por la descomunal fuerza probada en mil victoriosas peleas con otros gigantes que llegaban a desafiarle para destronarle de su reino. Su fama de invencible llegó a los oídos de Hércules quien, en busca de nuevas hazañas, se dirigió a Libia para desafiarle. Durante algún tiempo, estuvo observando los combates de Anteo y pudo comprobar que cuando levantaban a Anteo del contacto con la tierra perdía fuerza que recuperaba al tocarla de nuevo. Hércules definió su táctica a partir de esta observación, desde el primer lance de la lucha su objetivo fue levantar y alejar los pies de Anteo de la tierra y mantenerlo en el aire. Lo consiguió y pudo vencerle. Antonio Gala sabe que su fuerza le viene del contacto con la tierra y sus gentes, por eso nunca se aparta, ni aleja de esa realidad. Con su enorme capacidad de observación se ha convertido en la conciencia crítica, en ocasiones con altas dosis de acidez, de los poderes fácticos de cada momento, ya sean los banqueros, los políticos o los obispos, los obispos en sus variadas versiones de cardenales, arzobispos y prelados de Su Santidad. La apuesta por la laicidad y el laicismo ha sido siempre una de sus referencias básicas. Una filosofía imperativa para la convivencia. El ser conciencia crítica, muchas veces látigo, ha sido una constante de su labor periodística en todas las etapas y medios a los que se asomó, a los que se asoma y que para dicha y goce de sus lectores se seguirá asomando.

Por fortuna, muchos de sus artículos, casi la mayoría, aparecidos en los grandes medios han sido publicados en libro, y por eso, desde la distancia, podemos valorar la fuerza intemporal que tienen y la utilidad para conocer un determinado tiempo y las preocupaciones de unas épocas concretas. Aparte de su constante belleza literaria. Después del aludido “Texto y pretexto” vendrían sus colaboraciones habituales en El País donde empezó en 1978 con la sección “El verbo transitivo”, creo que no están recogidos en libro, aunque no puedo afirmarlo con rotundidad, siempre puede haber una edición para iniciados que yo ignoro. Mantuvo esta sección dos años. De ahí pasaría a las colaboraciones dominicales en el “País Semanal” bajo los títulos genéricos de “Charlas con Troylo”, su perro mítico con el que comentaba los problemas sociales de su entorno, los problemas de España y del mundo. Charlas al hilo de los días, en donde alterna la ternura con la metafísica. La sección murió con la muerte de Troylo. Le siguieron en el tiempo las secciones “En Propia mano”, “Cuaderno de la dama de otoño; “Dedicado a Tobías”, “La soledad sonora ; A quién conmigo va; Carta a los herederos y “La casa sosegada”.  En 1987 Gala se incorpora al semanario (algún tiempo diario) El Independiente, primero con una sección llamada Proa y después Tronera, de El Independiente pasó al Mundo desde donde sigue al día de hoy disparado sus críticas siempre lúcidas y a veces inmisericordes. Ya saben que la palabra tronera en la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española, significa  abertura en el costado de un buque, en el parapeto de una muralla o en el espaldón de una batería, para dispara con seguridad y acierto los cañones. Gala truena diariamente desde su tronera. Los fulminantes y breves truenos de la tronera están pegados siempre a la actualidad, cercanos a los diversos acontecimientos cotidianos. La prosa es rápida y chispeante, a diferencia de la más remansada de los artículos de las anteriores secciones que he citado, más cercanas a la sociología que a la candente actualidad de la tronera.

El ensayista Juan Cueto, habitual colaborador de periódicos, en el prólogo que hizo al libro que recogía los artículos de la sección en “En propia mano”, publicado en 1983, hace veinticinco años, escribió: “La situación extraña que Gala ocupa en la literatura española es un ejemplo claro de nuestra atípica situación respeto a otras culturas modernas. Una escritura culta y brillante, de gran exquisitez en el fondo y en la forma, que suele manejar asuntos específicamente literarios, de gran sensibilidad poética, en la tradición intelectual de los escritores del 98 y el 27 obsesionados por el problema de España; una escritura poco adecuada en principio para llegar a vastos auditorios, ha logrado de la noche a la mañana el fervor del gran público, el éxito de muchedumbres, una popularidad que en estos momentos no goza (o padece), lo de padece lo pone Cueto entre paréntesis, ningún escritor español. Pero el fenómeno insólito de Gala se expresa también en ese ya referido silencio o desdén de que es objeto por la clase intelectual española a medida que se ensancha su público. O lo que todavía es más sorprendente, a medida que su escritura se hace más lujosamente madura, más escritura que nunca. Aquellos que en tiempos celebraron su Adonais, sus primeros estrenos teatrales, su premiado articulismo elegante, sus espléndidas recreaciones históricas en televisión o su altanera político moral en los lustros recios, apenas pronuncias ahora su nombre, precisamente cuando el gran público más lo pronuncia.”

Hoy veinticinco años después de este prólogo, las cosas ya no son exactamente como eran o como nos dice Cueto que eran. Su público se sigue multiplicando en una anchura sin orillas, pero solo los intelectuales muy romos, que rechazan el talento que brilla, no le reconocen como unos de los grandes escritores de nuestro tiempo. Hoy Gala es uno de nuestros grandes capitales culturales. Gala pertenece con todas las de la ley a la cultura culta, al periodismo culto y al periodismo de culto como afirme al principio y este reconocimiento popular lo ha conseguido sin ceder una línea, ni conceder una sola metáfora de su primitivo estilo. La feliz articulación de temas de profundo calado popular, escritos con un brillante estilo literario, un léxico sin concesiones o sus constantes referencias culturales clasicistas y académicas, no parecen en principio, los procedimientos más adecuados en este País para seducir al gran público, sin embargo, Gala lo ha seducido y los sigue seduciendo con su enorme talento para contar, para pensar, para trasmitir sentimientos. Juan Cueto termina así el citado prólogo: “Los suyos no son fans, son devotos. Por eso el carisma de Antonio Gala poco tiene que ver con otros entusiasmos populares procedentes del mundo. Su popularidad asumida – y sospecho que sufrida – recuerda sobre todo a la de los grandes mitos de la ópera. Y como divo concibe su manera de ofrecerse en espectáculo fuera de la escritura. Esa escenografía personal e intransferible: bastones, atuendos, collares, oratoria subyugante, coqueterías, ingenios, cóleras, caprichos, depresiones, silencios, cordialidades. Es el nuevo lenguaje social de lo sagrado.” No cabe duda que Antonio Gala como persona y personaje es un gran hallazgo, aunque hace tiempo que ha entrado en los cánones de una mayor sobriedad, más ligero de abalorios, pero con la misma capacidad de seducción. Antonio, personalmente, tiene eso que llamamos carisma y la acumulación de sus palabras resulta carismática. Está dotado de una enorme capacidad dialéctica, que es la resultante de un proceso reflexivo y cáustico. Me parece que fue  Raúl del Pozo quien le comparó a la moneda de un dios bifronte, supongo que se refiere a la moneda que representa al dios Jano con dos caras, y presenta a Gala con una cara oculta, pesimista, que dice “no”. No a la Otán, no a la guerra, no a la corrupción. Y que hay otro rostro de Gala comprensivo, que dice “si” al amor y a la libertad, con estilo lírico, juanramoniano, de sensibilidad latina y andaluza.

Aquí, el día que hecho a andar esta fundación, Antonio Gala pronunció un llameante discurso sobre la libertad creadora. Lo recuerdo como un mensaje revolucionario y subversivo, que le daba un revolcón a filosofía de la mediocridad y del sometimiento a los dogmas. Clamó contra el conservadurismo clerical y religioso y contra el radicalismo insensato y fascista, pero también contra el socialismo caricaturesco y desalmado, al tiempo que contra el capitalismo inhumano e individualista. Fue un discurso iconoclasta, dejó todo como un solar, para que los jóvenes creadores que acogía la fundación construyeran su obra con toda libertad, una libertad que debe nacer de de la propia liberación interior y del amor por la humanidad y por la madre naturaleza. Recuerdo, que después del discurso y durante el cóctel inaugural le pedí reiteradamente el texto que acababa de pronunciar. No lo conseguí e ignoro si se ha publicado en alguna parte. Lo rastreé en Internet, pero no conseguí dar con él, no se si es por qué no existe en la red o yo no fui capaz de encontrarlo. Supongo que después ustedes me sacaran de dudas.

Otra razón o motivo para comprender el éxito del articulismo de Gala. Es su amenidad. En la época dorada de la Roma clásica, el poeta Horacio escribió su “Ars Poetica! (Arte Poética) en forma de carta a los Hermanos Pison. Los Hermanos Pisón eran dos jóvenes amigos de Horacio, e impacientes poetas que querían que Horacio les diera reglas y consejos para brillar en el mundo de la poesía. Lo hizo escribiéndoles una carta en verso, en uno de los hexámetros más perfectos les aconseja: “Lectore monendo pariterque delectando”, aunque se que no hace falta que se lo traduzca, lo haré por si alguien duda sobre el significado de la palabra pariterque. Les aconseja que conviene enseñar al lector al mismo tiempo que se le divierte. Esto lo hace Gala a la perfección, es un escritor muy ameno, incluso cuando lanza el rayo que fulmina.

Tengo que confesar que ha habido secciones periodísticas de Gala que seguí con una enorme curiosidad y las releía con verdadero placer hundiéndome en el césped acogedor de sus palabras. Una prosa que acariciamos y nos acaricia, suave y cálida como el vientre de una liebre. No siempre es así, a veces, sus palabras tienen la violencia y la frialdad del granizo, depende de lo que el autor se proponga. Pero al hablar de suavidad y ternura me refería a alguno de sus encuentros con Troylo, y lo que escribió a la muerte de Zoylo es una de las más páginas que he leído en un periódico. Perdonen, pero no resisto a la tentación de leerles algunas líneas, aunque muchos de ustedes ya las habrán leído.

Es el adiós a Troylo

Esta noche también he soñado contigo
Corrías sobre el césped del jardín, vivo y dichoso, abanderando el rabo. Corrías hacia mí, me reclamabas. Tu  ladrido pequeño henchía la mañana.
He alargado la mano, todavía dormido, buscando por la cama a tientas tu cabeza. Sin encontrarte, Troylo.
He encendido la luz. No estabas Troylo. No volverás estar.
Yo te tuve, te tuve y no te tengo.

¿Pueden morir alguna vez unos ojos que se han mirado tanto, se han intendido tanto, se han consolado tanto?

Quiero dormir para soñar contigo, para jugar contigo y regañarte, para comprobar que no te he perdido.
La muerte ha interrumpido nuestras charlas. Descansa en paz, nadie jamás podrá sustituirte.
Hasta luego
Hasta después.

Realmente es hermoso. ¿Literatura.?  Sin duda literatura  de alto voltaje.  ¿Periodismo?  Sin duda también periodismo, porque es la reflexión lírica a una noticia, la noticia de la muerte de Toylo. Durante mucho tiempo había contado la actualidad, los problemas del mundo, de España y de la condición humana desde la visión del hombre y de su perro, y de pronto el perro se muere. Y quedaba una crónica sin escribir, la crónica de la soledad en el recuerdo de la ausencia. Y resultó, una elegía estremecedora. El lugar para publicarla solo podía ser el periódico en el que habían salido los distintos avatares de sus relaciones con Zoylo. Eso es periodismo. Periodismo y literatura.

Y con esto llegamos a un punto clave, a un punto al que quería llegar. A un apartado que se ha discutido en muchas ocasiones y se seguirá discutiendo, en un falso y falsificado debate. Me refiero a las relaciones del periodismo y la literatura. De si el periodismo es literatura o mejor dicho si cierto periodismo es literatura. Hay libros, tesis doctorales, sesudos ensayos y seminarios en las universidades sobre este asunto. Yo mismo he dirigido dos o tres en las Universidades de Verano de Santander, de Madrid y de Ronda. Mi conclusión es clara, hay literatura en el periodismo y hay mucho de periodismo en la literatura. Pero no todo el periodismo es literatura, como tampoco todo lo que se nos presenta como literatura merece cobijarse bajo tan digno nombre. Para mi resulta incuestionable que el periodismo, y en concreto el periodismo de Gala, está ligado a la literatura moderna y a los nuevos modos de hacer literatura. Pero sometamos esta reflexión y sus conclusiones a un cierto método. Comenzaré afirmando que no estoy de acuerdo con Antonio Gala cuando dice: No soy periodista, salvo acaso en el cutre, desvaído y temeroso concepto de La Academia de la Lengua. Y no lo soy porque carezca de carnet, sino porque nada de lo que escribo entra dentro de lo que en mi opinión, considero periodismo.”

Tampoco lo estoy al leerle afirmar: “Si periodista es el que escribe en los periódicos, yo lo soy. Pero no me considero tal.” “Para mi el escritor de periódicos no puede ser igual que un saltimbanqui, por mucha prisa que le metan el fax o el teléfono…” Pienso que la actualidad demasiado rabiosa termina por mordernos y contagiarnos su hidrofobia; la de contemplarse de manera olímpica, desde lo alto y de lejos, para situarla en su verdadera perspectiva y otorgarle su verdadera dimensión. La literatura de sobresalto no me gusta. Aspiro a escribir para mañana y para pasado mañana… En nuestro periodismo ya casi nadie se sienta a escribir literatura.”

La verdad es que no identifiqué con exactitud cuando, ( me refiero al tiempo) en que hizo estas afirmaciones, sin duda que hace tiempo, y hace tiempo sin duda porque alude a las urgencias que le meten el fax y el teléfono, ya hace años que esas artes técnicas han sido superadas por Internet. Sospecho que actualmente Gala no piensa lo mismo, pues escribe diariamente al calor de la noticia y no le vemos ningún síntoma de hidrofobia, otra cosa es que trate de esconder su importante condición de periodista ocultándose en un juego de espejismos verbales. Pero en sus declaraciones nunca niega Gala que pueda haber literatura, incluso admite que hay literatura en el periodismo, solo duda que el suyo sea periodismo. Claro que si nos tenemos a la definición de periodista que hace el Diccionario de la Lengua, de persona que compone, escribe o edita un periódico, yo tampoco estoy de acuerdo, ya que en ese caso, Berlusconi que edita varios periódicos sería el periodista símbolo, y por eso, como diría mi amigo, Miguel Ángel Aguilar, no paso. Si entendemos la literatura como el arte del lenguaje, no cabe duda de que Gala es un periodista excelente.

En las múltiples reflexiones sobre periodismo y literatura yo me quedo con las de Alejo Carpentier, el gran escritor cubano, al sostener que el periodista y el escritor se integran en una sola personalidad… En esto de jugar a las definiciones descriptivas podíamos situar al periodista como un escritor que trabaja en caliente, que sigue, rastrea el acontecimiento día a día sobre lo vivo. Al novelista, en un ejercicio de simplificación, como un hombre que trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando el acontecimiento. Pero soy consciente de  que lo que acabo de escribir tampoco  es del todo verdad, ya que el periodista puede trabajar en frío analizando las síntesis de la realidad y un novelista haciendo una gran novela sobre un suceso en “Relato de un náufrago” como García Márquez y ya que hablo de García Márquez recordaré el día, hace ya muchos años, en que preguntado por las relaciones entre periodismo y literatura, respondió que lo ideal sería que la poesía fuera cada vez más informativa y el periodismo cada vez más poético, un ideal que cumple a la perfección Antonio Gala.

La palabra es una herramienta básica para el periodismo y también para la literatura, y hay quien sospecha que el emplear la palabra con arte a la hora de relatar una información perjudica a la noticia y por lo tanto al periodismo. Lo curioso es que alguno de estos ejemplares ejercen como profesores en las Facultades de Periodismo. Manuel Rivas, el gran escritor- periodista gallego cuenta en una de sus crónicas titulada “Educación sentimental del periodista” una escena que le sucedió en la Facultad de Periodismo de Madrid. El profesor le había encargado un ejercicio, lo presentó y el profesor después de leerlo, se lo rechazó diciendo: “Esto no es periodismo, esto es literatura.” Con sabiduría, Rivas termina el parrafo: Una lección invertida. Yo ya sabía que tenía razón, que era literatura y por eso, nunca, nunca, le haría caso.

Es evidente que existe un gran equívoco. Un problema de ignorancia. Periodistas que confunden la literatura con el retoricismo, escritores, literatos, que confunden el periodismo con la banalidad… Al escritor que es periodista se le supone una tumultuosa querella interna, como si trabajara con partes distintas del cerebro para escribir un reportaje o un cuento… Claro que el periodismo, tiene unas exigencias a las que no está sometida la literatura. Los protagonistas de una noticia tienen que figurar en el registro civil, pero el titular puede ser el verso de un poema, el reportaje puede ser un cuento y una columna como las de Antonio Gala puede resultar un relámpago de la mejor filosofía.

Curiosamente lo que le ocurrió a Manuel Rivas en la Facultad de Ciencias de la Información me había ocurrido a mi, algunos años antes, en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. El profesor de Redacción periodística, Juan Aparicio, que había sido Director General de Prensa y uno de los represores más eficaces de la libertad de información en los años duros del franquismo, nos encargó como ejercicio la redacción de un recorrido por el Rastro madrileño la mañana de un domingo. Unos días más tarde de haberlo entregado me llamó a su despacho, estaba indignado, ordenó que lo repitiera, diciendo que no lo camuflara haciendo literatura. Si me vuelve a hacer literatura, le suspendo.

Este tipo de profesores se empeña en asfixiar y matar al escritor que debe anidar en cada periodista.

A Larra lo inmortalizó literariamente el periodismo y el más célebre de nuestros filósofos, Ortega y Gasset, dio a conocer su pensamiento a través de ensayos periodísticos de una asombrosa belleza literaria. Su libro más conocido “La Rebelión de las masas” apareció primero en el periódico “El Sol”, en general, los escritores del 98 se proyectaron al gran público a través de la prensa escrita, era la mejor forma que tenían de salir a la calle. Hoy tenemos en España, una brillante nómina de escritores periodistas o periodistas escritores porque entran y salen de uno a otro con la naturalidad con que respiran. No voy a citar ningún nombre porque puedo agraviar a los ausentes de la lista, así que tomen ustedes el trabajo de pensar cuales son sus preferidos, estoy seguro que no les será difícil. Estamos en Córdoba, yo fui durante casi cinco años director del diario que lleva el nombre de la ciudad, del Córdoba,  y puedo asegurarles que en sus páginas aparecen cada día excelentes ejemplos de buena literatura y de buen periodismo al mismo tiempo.

Muchos son los escritores que han ejercido el periodismo y muchos periodistas que se revelaron como grandes escritores. Como les dije voy a obviar a los españoles para evitar agravios, pero citaré a algunos nombres clave del periodismo literario o de la literatura y el periodismo, si miramos a Latinoamérica el primero que sale a nuestro encuentro es el citado Gabriel García Márquez y después una larga fila como el también premio Nóbel Octavio Paz quien dejo escrito que el periodismo, la novela y la poesía son géneros literarios distintos cada uno regido por su propia lógica y estética. En una conferencia llegó a afirmar: “A mi me gustaría dejar unos pocos poemas con la ligereza, el magnetismo y el poder de convicción de un buen artículo de periódico… y un puñado de artículos con la espontaneidad, la concisión y la transparecia de un poema”. A continuación y sin intención de establecer un orden, ni un ranking, Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique,Alejo Carpentier, Jorge Edwards, Mario Benedetti; el gran Borges también escribió en periódicos, pero esa es otra historia. Yo nunca lo clasificaría entre los escritores periodistas. Si miramos a los Estados Unidos, tal vez el primer ejemplo que se nos aparece es Ernest Hemmingway, un clásico del género, unos de sus libros más conocidos “El verano Sangriento” recoge las crónicas que hizo, a mediados de los cincuenta, del duelo que mantuvieron en las plazas de toros, Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín. Hay una enorme hilera de nombres, desde Norman Mailer pasando por Truman Capote hasta llegar al inevitable Tom Wolf, el creador de la expresión nuevo periodismo, el teórico del new journalism, al que presenta como una actividad informativa provocadora, revolucionaria e iconoclasta que revolucionaria los cimientos del periodismo. Tengo que precisar que este tipo de periodismo no era tan novedoso como sus teóricos afirmaban, y hay grandes periodistas escritores que lo habían hecho ya como Hemmingaw, y otros que lo hicieron como la Fallaci o Kapuscinsky, sin pensar en teorizaciones. Antonio Gala es un ejemplo de la definición de nuevo periodismo y no creo que se haya detenido a estudiar la carpintería teórica de Tom Wolfe. Si citamos a escritores periodistas, de una enorme influencia sobre grandes públicos, no podemos silenciar a los franceses Jean Paul Sastre y Albert Camus. Tampoco al italiano Indro Montanelli. La verdad es que el elenco de los autores que navegan con la misma soltura en las aguas del periodismo y la literatura forman una larga lista. He citado algunos, solo algunos, todos los que he citado son muy importantes, pero hay otros de igual nivel los he saltado porque dijera sus nombres convertiría mi intervención en una suerte de lectura de una guía telefónica.

Antes he aludido a Albert Camus, ya se sabe que a los largo de los años cincuenta tuvo una enorme influencia sobre la intelectualidad francesa y europea, proyectándose también de forma masiva a la opinión pública. Su prematura muerte en accidente de automóvil a los 46 años, el año siguiente de haber sido galardonado con el premio Nóbel contribuyó a multiplicar su mito. A finales de los años setenta cayó en mis manos un ejemplar de la “Sangre de la libertad” que recogía alguno de los artículos que había aparecido en el periodico “Combat” entre 1944 y 1953, es decir desde la liberación de Paris hasta la instalación de la cuarta francesa, un tiempo dominado por el existencialismo y lo que dieron en llamar vivencialismo, el ansia por vivir después de la más atroz de las guerras mundiales. No sabría decir porqué, pero en un artículo que publiqué en enero del 81 en el Periódico de Cataluña escribí un cortísimo párrafo, eran los días anteriores al intento de golpe de Estado de Tejero, en donde decía que la  recurrencia de Gala a la libertad y sus entornos me recordaba la de Gala por nuestras circunstancia. No decía otra cosa y por eso no puedo precisar como llegue a esas dos líneas donde unía a Gala con Camus. Ahora releyendo “La sangre de la libertad” y teniendo delante la mayor parte de la obra de Gala, comprendo la cita hay una temática constante en ellos que es la de la libertad, el pesimismo y el coraje, la democracia y la modestia, el miedo, la rebeldía y el conformismo, rebeldía y servidumbre. La temática de ambos tiene parecido tono, aunque las circunstancias del procese verbal varíen, en abos es muy brillante. Hay bastantes coincidencias entre los dos: son novelistas, ensayistas, dramaturgos y periodistas, aunque en el caso de Camus, también sin carnet como dice Gala de si mismo, pero fue redactor jefe y director de Combat, un diario que salió de la resistencia. La conciencia crítica de Gala se puede emparentar muy bien con la de Camus.

Antes de terminar quiero hacer alusión al constante laicismo de Gala y a su militancia irrenunciable contra todo tipo de tutelas episcopales y clericales. Para Gala, la libertad es laica y sin laicismo no puede haber verdadera libertad, porque el laicismo es el principio de la tolerancia, y que por supuesto tolera también la libertad de los creyentes. Sus troneras sobre estos temas son frecuentes, merecerían un estudio aparte solo desde este punto de vista. En una de ellas aparecida el pasado febrero bajo el titulo: “Predicar y dar trigo”, escribió: Los obispos dan un ejemplo nada ejemplar metiéndose en berenjenales ajenos: los metomentodo son cargantes y repelentes. En las campañas electorales ellos deberían predicar sólo con el ejemplo: el suyo – si no fuese con frecuencia pésimo,- su doctrina, su vida, su caridad y su misericordia. Pero están alzando el galillo al aconsejar a quien debe votarse: ése si que es el peor matrimonio. España que debía ser laica y lo será, es aconfesional. Los obispos ciudadanos como los demás, con derecho a voto no a campaña: cosa de los partidos. Y al PP que le están haciendo un flaco favor, porque recuerdan viejos tiempos que a la Iglesia la cubrieron de mierda, no de gloria. Y este país no es muy episcopal. Quédense en su casa; Dios está en la de todos Porque es más grande que nuestro corazón. Y mucho más que el de ellos.”

En España laten dos almas; en una domina la nostalgia de una sociedad cerrada con miedo a lo diferente, reclamando una sociedad de orden con sus valores de certezas consagradas e inamovibles que se siente agitada y quebrantada por las nuevas normas de convivencia léase por ejemplo matrimonios de homosexuales. Un alma de España que pone por encima de todo la tradición, la autoridad, la desconfianza frente a los artistas y los intelectuales e incluso siembra en ocasiones sospechas sobre la democracia. La otra alma de España, esa otra alma, que defiende los derechos de un hombre, los derechos del hombre con todo lo que esto conlleva: la libertad, el espirito crítico, la laicidad, y que cuando la razón de estado delira trata de reconducir el estado a la razón. Un alma que está contra los delirios del capitalismo financiero. Esta alma de España, abierta e incluyente de lo diverso, es la que defiende día a día, palabra a palabra, con un periodismo culto, literario y brillante: Antonio Gala. Antonio Gala es un escritor antitotalitario que lucha y ataca a todas las sectas, sociales, religiosas y políticas que quieren levantar muros en los caminos de la libertad.

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  • Alfonso Palomares

    Biografía

    Alfonso S. Palomares (Calvos de Randín, 1935) es un periodista y escritor de Galicia, España.

    Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha desempeñado diversos cargos en periódicos y revistas de España. Fundó en 1964 la agencia Radial Press y fue comentarista de política internacional en Sábado Gráfico y Cambio 16. En 1973 fundó y dirigió la revista Ciudadano y después dirigió Posible y Leer. Fue comentarista de política internacional en El Periódico de Cataluña, y fue nombrado presidente de la Agencia EFE en 1986. En 1997 se incorporó al Grupo Zeta como Director de Relaciones Internacionales y asesor editorial, y comentarista político de la revista Tiempo y El Periódico de Cataluña. En 2001 fue nombrado Director del Diario de Córdoba y editor de Onda Mezquita, y en septiembre de ese mismo año asumió el cargo de Presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba.

    Director de la Casa de Galicia, en Madrid (2006), fue presidente de la Junta Consultiva del Parque Natural de la Baja Limia - Serra do Xurés (2008) y recibió varios premios, incluyendo el Celanova, Casa de los Poetas (2008).

     
  • Los laberintos del espejo

    Los laberiontos del espejo de Alfonso S. Palomares

    El periódico El Espejo lleva quince años de éxito, rodeado por el escándalo y un amarillismo tan hábilmente calculado que le permite pasar por una publicación seria. Pascual V. Rosales, su director, es el centro del espectáculo, el que lo condiciona todo: en sus manos, la objetividad y la veracidad son reversibles, manipulables a su antojo. David Talmati, un productor cultural libanés afincado en Madrid, planta cara a los desafueros de Rosales y provoca una serie de encuentros encarnizados y programados linchamientos mediáticos. La deformación de la realidad por parte de los medios es protagonista fundamental en esta obra inteligente y hábilmente construida que pone de manifiesto el enorme poder con que cuentan. Nadie está a salvo.