LA CÓLERA DE PEKIN POR EL NÓBEL A XIAOBO

A los dos les concedieron el premio Nóbel con un día de diferencia; a uno, el de literatura; al otro, el de la paz. A Vargas Llosa por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual. A Liu Xiaobo por su larga y pacífica lucha por los derechos humanos fundamentales en China. El duro castigo aplicado a Liu, dice el acta de concesión, le ha convertido en el símbolo más importante de esta extensa lucha por los derechos humanos. La realidad de la lucha de Liu tiene mucho que ver con la de bastantes protagonistas de las novelas del escritor peruano. Los escenarios de dónde y cómo recibieron la noticia de la concesión fueron absolutamente diferentes. Mario la escuchó a través de su teléfono mientras veía las primeras luces del amanecer sobre Nueva York y después de saltar a los medios de comunicación, su casa, como preveía su mujer Patricia, se convirtió en un loquerío de abrazos, cámaras y felicitaciones. A Liu, el presidente del Comité Noruego de los premios Nóbel, Thorbjoern Jagland, no sabía a dónde llamarle por la sencilla razón de que en la cárcel de la provincia de Liaoning situada al noreste de China donde se encuentra no le dejan hablar por teléfono, ni comunicarse con el exterior.

El gobierno y el pueblo peruanos, así como el gobierno y el pueblo español, por sólo hablar de los dos países y de los dos pueblos de los que es ciudadano, le felicitaron efusiva y clamorosamente. El gobierno chino reaccionó como si le hubieran pegado una puñalada, y en una nota oficial, el ministerio de exteriores después de calificar como obscenidad la concesión y otras lindezas por el estilo, hizo saber al resto del mundo que Liu Xiaobo era un criminal condenado por el sistema judicial chino porque había quebrantado las leyes chinas socavando el poder del estado. El pueblo no dijo nada, porque el pueblo no sabe nada ya que las cortinas de bambú de la censura impidieron que les llegara la noticia y continúan poniendo gomas y sordinas sobre ella.  Los pocos disidentes que intentaron festejar el galardón, después de conocerlo por extrañas vías a través de Internet, fueron arrestados o silenciados. Liu, en el pavoroso silencio de su celda, tardó tres días en saberlo, el tiempo que tardaron en conducir a su esposa  Xia a su presencia para que se lo comunicara. Se lo dijo y, según filtraciones de la propia Xia, estalló en lágrimas al saberlo y una vez repuesto de la sorpresa se lo dedicó a las víctimas de Tiananmen. Desde entonces hasta la hora en que escribo poco se sabe de la esposa, ya que se encuentra en arresto domiciliario sin poder recibir, ni enviar informaciones.

Vargas Llosa valoró el Nóbel de la Paz a Xiu como un homenaje a todos los disidentes chinos y a todos los chinos que quieren que el crecimiento y el progreso en China sea no sólo económico sino también político. Xiaobo no felicitó al célebre escribidor porque ignora que le concedieron tan alto galardón, y aunque lo supiera tampoco podría felicitarle ya que no le permiten comunicarse con el exterior.

La verdad es que entre esta oscura y siniestra realidad  comparada con la luminosidad y las capacidades tecnológicas tan deslumbrantes que exhibieron en los Juegos Olímpicos de hace dos años, media un abismo. Median dos mundos. El milagro económico chino es arrollador y lo cierto es que nos está arrollando. ¿En qué sentido? Ya lo veremos.

Hace dos años, cuando en un sitio de Internet vimos la Carta 08 firmada por 300 profesores, investigadores, artistas de todas las disciplinas, abogados de prestigio, periodistas, escritores y científicos de las más variadas naturalezas, no todos disidentes, ni especialmente hostiles al régimen sino todo lo contrario en bastantes casos, concebimos  ciertas esperanzas. En ese manifiesto conocido como Carta 08, se pide al gobierno chino en particular y a los poderes de la República Popular China en general que cumplan la Constitución vigente, facilitando una evolución gradual sin desestabilizaciones hacia la libertad de prensa y asociación, una justicia independiente, libertad religiosa y protección del medio ambiente.

En concreto, la carta tenía 19 puntos que partían de la apuesta por la separación real de los tres poderes clásicos: legislativo, judicial y ejecutivo o lo que era lo mismo, superar el monopolio del Partido Comunista Chino como instrumento omnipotente y único de la acción política en todas las vertientes. En los análisis apresurados del primer momento y bajo los efectos de la sorpresa, algunos analistas creyeron que entre los redactores de esa carta y los sectores aperturistas del gobierno había una cierta connivencia, incluso no descartaban que el propio primer ministro Wen Juabao la podía haber consentido. Wen suele soltar declaraciones en las que alude a una posible reforma política para capitalizar los éxitos económicos y conseguir el objetivo de la modernización en el más profundo de los sentidos.

Fue un espejismo que duró poco, ya que inmediatamente la represión más cerrada cayó sobre los abajo firmantes y la maquinaria de la justicia metió entre sus perversos engranajes al inspirador y redactor de la carta, el profesor y periodista, Liu Xiaobo. Tardó un año la implacable instrucción y la sentencia le condenó a 11 años de cárcel el último mes de diciembre. El proceso se desarrolló en el más silencioso de los secretos y la condena nunca se hizo pública en los medios chinos, saltó al exterior porque con las tecnologías actuales es casi imposible poner puertas a todos los campos. Por filtraciones conocemos lo que dijo Liu después de escuchar la sentencia, al responder a la pregunta ritual de si tenía algo que alegar, y contestó: “Espero ser la última víctima de la inquisición contra la libertad intelectual en China, y que nunca más se vuelva  a condenar a una persona por expresar libremente su pensamiento”.

Desde el exterior los medios de comunicación, en general, han lanzado críticas muy duras contra el gobierno de Pekin por su asfixia de las libertades y por las represiones que practica contra los luchadores por la libertad. Los políticos fueron más cautos, si exceptuamos a Obama y pocos más. El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon  se fue por las ramas al declarar: “Tenemos que caminar hacia el reconocimiento del creciente consenso internacional para el fortalecimiento de los derechos humanos y su cultura en todo el mundo”. Una vaporosa y corta cambiada. En el exterior se teme demasiado a la poderosa China y en el interior, el poder chino se mueve con un autismo omnipotente, por eso soy muy escéptico sobre el alcance de este premio a la hora de abrir caminos de apertura hacia la democracia. La presión que pueden ejercer los disidentes sobre el poder es mínima, porque en China no se oyen sus voces, ni sus razones. Las estrangulan. Otra cosa son los planteamientos de rebeliones y huelgas en las grandes fábricas para obtener mejores condiciones de trabajo como ha ocurrido antes del verano. Esas actitudes les están obligando a dictar nuevas normas laborales sin tocas las estructuras del petreo poder político.

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  • Alfonso Palomares

    Biografía

    Alfonso S. Palomares (Calvos de Randín, 1935) es un periodista y escritor de Galicia, España.

    Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha desempeñado diversos cargos en periódicos y revistas de España. Fundó en 1964 la agencia Radial Press y fue comentarista de política internacional en Sábado Gráfico y Cambio 16. En 1973 fundó y dirigió la revista Ciudadano y después dirigió Posible y Leer. Fue comentarista de política internacional en El Periódico de Cataluña, y fue nombrado presidente de la Agencia EFE en 1986. En 1997 se incorporó al Grupo Zeta como Director de Relaciones Internacionales y asesor editorial, y comentarista político de la revista Tiempo y El Periódico de Cataluña. En 2001 fue nombrado Director del Diario de Córdoba y editor de Onda Mezquita, y en septiembre de ese mismo año asumió el cargo de Presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba.

    Director de la Casa de Galicia, en Madrid (2006), fue presidente de la Junta Consultiva del Parque Natural de la Baja Limia - Serra do Xurés (2008) y recibió varios premios, incluyendo el Celanova, Casa de los Poetas (2008).

     
  • Los laberintos del espejo

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