OTRA VEZ HAWKING Y LA TEOLOGÍA

La aparición en el pasado mes septiembre del libro, El gran designio, del astrofísico, Stephen Hawking,  provocó una agitada polémica al sostener que Dios no era necesario para la creación del universo, ya que en razón de la ley de la gravedad, el universo se creó a sí mismo. No habla de teología, ni de fe, pero originó un tremendo seísmo porque tocaba a las raíces de muchas creencias y a las convicciones profundas de mucha gente. En medio de la marejada mediática, yo publiqué en este periódico un artículo titulado: Enmienda a la totalidad de Hawking. No entraba a valorar la tesis de Hawking, ni si contenía una certeza incontrovertible, o de que sólo se trataba de una aventura provocadora del conocido científico, pero no cabe duda de que el simple anunciado tal como se trasmitió en el resumen de la publicidad editorial era una enmienda a la totalidad de los planteamientos del fideísmo monoteísta. Por eso causó la perturbación que causó y la razón es muy sencilla. En las distintas formulaciones monoteístas de Dios, la primera de las grandes esencias de la divinidad, por decirlo de una manera comprensible, es la de ser Creador. Quitarle la realidad de la creación es una manera de eliminarle.

Mi artículo tuvo una severa respuesta crítica en este periódico, el pasado día 4 de octubre, por parte del profesor Francesc Torralba. Le agradezco la atención que me prestó y la corrección con que lo hizo, también ese será el tono de mi reflexión. Tomo unas frases de su texto al referirse a mi escrito: “Dice textualmente que la teología no es una ciencia y lo remata diciendo más a menos que es un género de la literatura fantástica.” La verdad es que al afirmar que no es una ciencia, no pretendía negarle su estatuto de actividad intelectual de primer orden, incluso sublime como la calificaba el gran teólogo escolástico, Duns Scoto, sino que le retiraba el estatuto epistemológico entendiendo por epistemología la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico. Dios está en el piso de arriba. Aunque tengo que decir que tampoco me voy a poner estupendo negando que sea una ciencia. No tengo ninguna certeza que pueda calificar de absoluta en este sentido, aunque después de releer ahora mismo el número especial de Le Nouvel Observateur sobre “Dieu et la science. Le nouveau choc” podía hacer una lluvia de citas de intelectuales de distintas disciplinas  apoyando mi afirmación.

De lo que estoy un poco más convencido es de qué la teología es un género de la literatura fantástica. Y aquí lo digo con el mayor respeto y admiración, al modo de Borges. Lean el diálogo entre Borges y Sábato, los dos grandes pensadores y escritores argentinos: “Borges, ¿Qué opina usted de Dios?, pregunta Sábato; responde Borges: Dios es la máxima creación de la literatura fantástica”. Sigue Sábato: “Pero dígame Borges, ¿porqué escribe tantas historias teológicas. Responde Borges: Es que creo en la teología como literatura fantástica, es la perfección del género.”

Incluso desde el teísmo se puede admitir que la formulación de Yavé que se hace en el Antiguo Testamento es de una belleza desmesurada y fantástica. También terrible. La revelación más sustantiva se la hace a Moisés, según el libro del Éxodo, cuando pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró y vio como ardía una zarza y la zarza no se quemaba, el fuego era el mismo Dios y entabló una charla con Moisés sobre la opresión de su pueblo por los egipcios, la opresión del pueblo de Moisés, que también era el pueblo de Dios frente a los otros pueblos considerados enemigos. El momento cumbre fue cuando la llama le habló y le dijo para presentarse: Soy el que Soy. Sobre esta frase, que es puro realismo mágico, los teólogos han gastado ríos de tinta. Los seis días de la Creación que nos cuenta el Génesis son literatura fantástica en estado puro, así como el paraíso, la manzana, la mujer y el pecado, un pecado que se eternizará de generación en generación. Estoy completamente de acuerdo con el profesor Torralba cuando dice que: “El Génesis es un relato que, por definición, pertenece a la tradición literaria, que exige una interpretación simbólica y alegórica que ni confirman ni niegan las afirmaciones de los físicos y de los cosmólogos”. La simbología y la alegoría, también lo dice Borges, son piezas clave de la literatura fantástica. Es necesaria una afinada hermenéutica para explicar otro pasaje terrible del Éxodo, dentro de una teología avanzada, en donde Dios le ordena a los israelíes que pinten la puerta con la sangre del cordero de Pascua porque “esa noche atravesaré todo el territorio egipcio matando a todos sus primogénitos, de hombres y animales. La sangre será vuestra contraseña en las casas donde estéis, cuando vea la sangre pasaré de largo. Yo soy el Señor.” Este párrafo necesita una exégesis imaginativa, porque a la luz del derecho penal avanzado podía tipificarse como genocidio. No cabe duda de que tanto en el judaísmo como en el cristianismo y el islamismo, los que formularon la idea y la identidad de Dios, los teólogos, hicieron un genial trabajo intelectual.

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  • Alfonso Palomares

    Biografía

    Alfonso S. Palomares (Calvos de Randín, 1935) es un periodista y escritor de Galicia, España.

    Licenciado en Derecho y Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha desempeñado diversos cargos en periódicos y revistas de España. Fundó en 1964 la agencia Radial Press y fue comentarista de política internacional en Sábado Gráfico y Cambio 16. En 1973 fundó y dirigió la revista Ciudadano y después dirigió Posible y Leer. Fue comentarista de política internacional en El Periódico de Cataluña, y fue nombrado presidente de la Agencia EFE en 1986. En 1997 se incorporó al Grupo Zeta como Director de Relaciones Internacionales y asesor editorial, y comentarista político de la revista Tiempo y El Periódico de Cataluña. En 2001 fue nombrado Director del Diario de Córdoba y editor de Onda Mezquita, y en septiembre de ese mismo año asumió el cargo de Presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba.

    Director de la Casa de Galicia, en Madrid (2006), fue presidente de la Junta Consultiva del Parque Natural de la Baja Limia - Serra do Xurés (2008) y recibió varios premios, incluyendo el Celanova, Casa de los Poetas (2008).

     
  • Los laberintos del espejo

    Los laberiontos del espejo de Alfonso S. Palomares

    El periódico El Espejo lleva quince años de éxito, rodeado por el escándalo y un amarillismo tan hábilmente calculado que le permite pasar por una publicación seria. Pascual V. Rosales, su director, es el centro del espectáculo, el que lo condiciona todo: en sus manos, la objetividad y la veracidad son reversibles, manipulables a su antojo. David Talmati, un productor cultural libanés afincado en Madrid, planta cara a los desafueros de Rosales y provoca una serie de encuentros encarnizados y programados linchamientos mediáticos. La deformación de la realidad por parte de los medios es protagonista fundamental en esta obra inteligente y hábilmente construida que pone de manifiesto el enorme poder con que cuentan. Nadie está a salvo.